La comunicación antes, durante y después de mantener relaciones sexuales resulta esencial para poder disfrutar del sexo en su máximo potencial, pero si es tan importante, ¿por qué nos cuesta tanto? Hablar de sexo con la pareja no suele enseñarse, tal y como nos enseñan a hablar de dinero, logística familiar, o incluso política, pero a la hora de expresar deseos, fantasías o incomodidades, es donde el silencio aparece y genera una erosión en el deseo sexual.
Por suerte, la comunicación sobre el sexo es una habilidad que se puede aprender. En este artículo te explico cómo poder hacerlo de forma práctica y respetuosa.
¿Por qué nos cuesta tanto hablar de sexo?
Las razones pueden ser variadas, y van desde el miedo a herir a la pareja sexual, vergüenza, educación restrictiva, temor a ser juzgado/a, o confundir el deseo con la exigencia.
Muchas parejas no tienen problemas sexuales graves, pero sí un problema de comunicación que conlleva interpretaciones sobre lo que hacemos o lo que le gusta a la pareja, que puede conllevar a frustraciones o a actuar desde la inseguridad, generando un problema a la hora de disfrutar por completo durante las relaciones sexuales.
Existe el mito de que el deseo debe ser espontáneo, que hablar de sexo lo vuelve “poco natural”. La realidad es bastante contraria: las parejas que mantienen conversaciones abiertas sobre su intimidad tienden a tener mayor satisfacción sexual a largo plazo. Le quita presión, y cuando sacamos la presión de la ecuación, aparece la conexión y satisfacción.
¿El momento importa?
Sí, las conversaciones importantes necesitan un contexto seguro. Son errores frecuentes hablar de sexo en medio de un conflicto o en un momento donde emociones como la frustración o la ira están activas. También lo es usar frases acusatorias generales como: “nunca haces…”, “siempre pasa…”; que son poco objetivas y nacen desde la crítica destructiva y no la constructiva.
Elegir un momento neutral tiende a reducir la defensividad y aumenta la escucha, como: “me gustaría que habláramos con calma sobre nuestra vida sexual, ¿te parece bien?”.
Me he decidido a hablar con mi pareja, pero ¿cómo lo hago?
Una buena comunicación sexual evita la acusación y apuesta por la apertura y vulnerabilidad, para que sea efectiva. Existen diferentes herramientas de comunicación, como los “mensajes yo” en vez de los “mensajes tú”. Por ejemplo, “nunca tienes ganas” podría cambiarse por “últimamente me estoy sintiendo un poco desconectado/a y me gustaría que encontráramos más momentos para nosotros”, o “no me satisfaces” por “hay cosas que me gustaría probar y explorar para sentir más placer”. El cambio puede parecer pequeño, pero emocionalmente tiene impacto. Cuando hablamos desde el “yo” nos abrimos a conversar, pero cuando hablamos desde el “tú” abrimos defensa.
Introducir cambios y proponer nuevas prácticas puede dar miedo, ¿y si mi pareja rechaza la propuesta o se ríe de mí? Existe la probabilidad de que tu pareja no tenga los mismos gustos sexuales o fantasías, pero también existe la probabilidad de que quiera probarlo y no lo has propuesto por simple miedo, perdiendo la oportunidad de disfrutar del sexo de forma diferente. Una vez más, la clave está en cómo expresamos las cosas. Podría ser útil expresarle a tu pareja: “hay algo que me da un poco de vergüenza pedirte, pero confío en ti, no es una crítica, es una forma de acercarnos más, ¿te lo puedo compartir?”.
También existen algunas preguntas que podemos hacer antes, durante o después, dependiendo del contexto, por ejemplo: “¿hay algo que te gustaría probar?”, “¿hay algo que te gustaría que hiciéramos más?”, “¿qué te hace sentir más deseado/a?”.
Qué hacer cuando aparece el rechazo
El rechazo no es agradable, duele. Pero es importante distinguir entre rechazo a la persona y rechazo a la propuesta. Que tu pareja te diga “eso no me apetece” o “no quiero probarlo”, no significa que tú no le gustas o que haya algo malo en ti. Simplemente significa “esa práctica no encaja conmigo ahora”. Una buena respuesta podría ser: “Gracias por decírmelo, ¿hay algo parecido que sí te resultara cómodo?”. La negociación es clave y natural en la sexualidad de la pareja.
Cuando el silencio ya ha creado la distancia
Si nunca habéis hablado de sexo o hace tiempo que no lo hacéis, puede que el miedo haya aumentado. En esos casos, se puede empezar expresando algo positivo primero, reconociendo que te cuesta hablarlo, o nombrando el deseo de cambiar y mejorar, no el error. La vulnerabilidad sincera suele generar cercanía.
Señales que demuestran que es recomendable acudir a terapia
Buscar ayuda profesional no significa que esté todo perdido ni que la relación esté rota. Puede ser muy útil cuando:
- Las conversaciones terminan en discusión la mayoría de las veces.
- Hay una constante evitación del contacto sexual.
- Existe resentimiento acumulado.
- Hay discrepancias de deseo que generan frustración malestar y prolongado.
- Ha habido una infidelidad o pérdida de la confianza.
La terapia ofrece un espacio estructurado donde ambas partes pueden expresarse sin ataque ni defensa, y se trabaja con herramientas específicas para mejorar la comunicación sexual, reducir la ansiedad y reconectar desde el respecto, optimizando la vida sexual en pareja.